En un artículo de 1998, Javier Marías -escritor al que prefiero por su estupenda Mañana en la batalla piensa en mí- escribió: “Yo tengo la suerte de tratarme ahora mismo con tres viejas inteligentes y encantadoras”. Una de ellas fue su señorita Cuqui, profesora “que se maquillaba mucho y fumaba sin cesar en clase o más bien se le consumían entre los dedos los cigarrillos manchados de rouge mientras nos leía a los clásicos con teatralidad entusiasta”. A continuación, una risueña necrológica de despedida.