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Neruda, Capri y los Beatles

Por Antonio Skármeta
(Publicada en El País, de España. 24/11/2004)

La verdad es que iba a cumplir años en Chile. Nada tan malo. A todos nos pasa. Lo que sucede es que yo iba a cumplir 64. De todos los números posibles, el único que me parecía mágico. Por mi afición a los Beatles. Cuando tenía poco más de 30, canté por primera vez: Will you still need me, will you still feed me, when I am sixty four. Obsesionado como todo poeta, pensé hace muchas décadas que si llegaba a la vetusta edad de 64 años celebraría una fiesta en Santiago, invitaría a mis amigos músicos y corearíamos el tema de los Beatles hasta quedar exhaustos. En verdad, consideraba, cuando aún tenía pelo y era flaco, que 64 años sería una edad honorable y acaso final.

Mis planes fueron interrumpidos de la manera más deliciosa. El rector de la Universidad L’Orientale de Napoli, el doctor Pasquale Ciriello, me hace llegar una carta comunicándome que la universidad y la región de Campania han decidido otorgarme el Premio Internacional Pablo Neruda. Como ustedes sabrán, queridos lectores, por mi filme El cartero y por mi novela El cartero de Neruda soy tan adicto a Neruda como a los Beatles. Más grave aún, le tengo una irresistible simpatía a Italia desde Bocaccio y Dante, que se aumentó prodigiosamente cuando tuve la gloria de ver actuar mi historia a Massimo Troisi.

Conclusión, cambié la fiesta en casa por un viaje a Italia, y durante unos días disfruté de la lluvia en Capri, mientras me aprestaba con mi esposa para recibir el magnífico premio en Nápoles. La región de Campania planeó las cosas con cortesía y astucia napolitana. Me mandó a Capri, justamente la isla de sueños donde Neruda sobrellevó un exilio en los cincuenta, para tratarme como un rey, pero también para darme una lección. Neruda, como yo, hubiera tenido una vida infinitamente más áspera si no hubiese sido porque recibió la cálida amistad de italianos, que en momentos de penurias le ofrecieron una casa, le levantaron el ánimo y hasta le prometieron un editor, acaso el mejor de todos, dispuesto a publicar lo que escribiera en Capri.

Ahora bien, como todos saben, el libro que gestó Neruda en esa estadía fue Los versos del capitán, y la musa que animó sus versos tan fogosos fue Matilde Urrutia, su pelirroja amante de aquellos años. Con tacto, pero también ingenuidad, el poeta publicó los poemas como “Anónimo”, creyendo que así no ofendería a su esposa legítima, Delia de Carril, que lo aguardaba en Chile. La delicadeza fue desarmada por los primeros críticos y periodistas que leyeron el libro: todos hablaron del último texto de Pablo Neruda. Es que a un tigre se le conoce por las rayas.

Dije que he aprendido una lección. Una preciosa enseñanza de amistad y fraternidad. El exilio, aunque sea paradisiaco, significa un gran tormento para el alma de cualquier hombre, acaso un poco más para un poeta que ve de la noche a la mañana derrumbados sus sueños en Chile. Sin tener un lugar en la tierra, los intelectuales italianos deben literalmente luchar para conseguirle a Neruda un permiso de residencia. Lo logran. La bella abrupta Capri, con sus románticos acantilados, puede considerarse como coautora de la obra de Neruda. Pero, también, el espacio acotado (porque debe haber llovido también en los 50 en Capri) puede haber aislado al lírico con su Matilde en su preciosa casa. Y, probablemente, estaban “encerrados con un solo juguete”. ¿Qué tiene de extraño que un hombre, en sus 40, cree versos de tal voluntad pasional y política, cuando el espacio se comprime en belleza, solidaridad y erotismo?

Vuelvo a los Beatles. En la novela, amante como soy de la gran cultura y de la subcultura, hago bailar a Pablo Neruda nada menos que un tema del conjunto inglés: Wait a minute Mr. Postman. Neruda bromea con su mensajero: “Es el himno oficial de los carteros, Mario”.

Por esta situación, los eruditos nerudianos casi quisieron colgarme. Según ellos, Neruda jamás había bailado; las pretensiones de la pedantería. En los últimos años han sido mostrados filmes que exhiben a Neruda bailando la música tradicional chilena, la cueca, y hasta una danza nativa de la isla de Pascua, moviendo caderas y manos como un mozalbete pícaro. En El cartero aparece bailando un tango de Gardel, Madreselvas. Y hay que admitir que si no baila, aprieta.

En este artículo, con el que aprovecho para agradecer el premio a la Universidad degli Studi de Napoli L’Orientale y a la región de Campania, permítanme agregar otro tema de los Beatles a los que he citado: With a little help of my friends. Es un texto humilde y generoso donde se revela que sólo con una pequeña ayuda a la simpatía y fraternidad de los amigos, el exilio no sólo es soportable, sino hasta creativo e inolvidable. With a little help of my friends no fue la frase favorita de Neruda. Quizás la suya era la que pronunció cuando le dieron el Premio Nobel y citó a Rimbaud: “Sólo con una ardiente paciencia conquistaremos las espléndidas ciudades”. No en vano llamó al vate francés “hombre profético”. Con “una ardiente paciencia”, el pueblo chileno se deshizo de Pinochet y, tras años de veladuras y tramitaciones, se conoció todo el horror de las torturas en Chile. Y otro hecho de “ardiente paciencia”, que trae siempre la verdad: el comandante en jefe del Ejército en Chile, tras más de 30 años, ha reconocido días atrás que las violaciones de los derechos humanos no han sido, como se proclamaba hasta ahora, exceso de algunos individuos uniformados, sino lamentablemente táctica institucional en una época agria de nuestra patria.

Estoy feliz de recibir en Nápoles el Premio Pablo Neruda. Estoy orgulloso de haber escrito con alegría, fidelidad y ardiente paciencia la historia de mi gente. Estoy contento y agradecido al pueblo italiano que se ha sintonizado de maravillas con mi obra.

¡Qué manera tan linda de cumplir los 64, hermanos Beatles!

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