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Literatura y periodismo en Relato de un náufrago

Por Miriam Borja Orozco *

El periodismo, desde sus inicios, ha mantenido una estrecha relación con la literatura. De hecho puede indicarse que ésta ha jugado un papel muy importante en su autodefinición. En consecuencia, se ha hecho constante hallar textos producidos bajo un doble vínculo, entre periodismo y literatura. Muchos de ellos, publicados en soporte de libro, en algún momento han aparecido de manera fragmentada –como relatos por entregas– en periódicos. Son obras que no logran una ubicación definitiva ni en el campo literario ni en el periodístico. El número de autores que se inscriben en esta línea es numeroso. Entre otros autores se mencionan a Truman Capote, Norman Mailer, Eduardo Galeano, Vázquez Montalbán, García Márquez, y los argentinos Rodolfo Walsh y recientemente fallecido Tomás Eloy Martínez. La lista puede hacerse interminable considerando, en suma, las diferentes producciones a nivel de los ámbitos nacionales.

Debido a la interacción entre periodismo y literatura, se producen textos que podemos denominar “ambivalentes” o que se hallan a medio camino entre literatura y periodismo. Relato de un náufrago, del escritor colombiano Gabriel García Márquez, puede identificarse bajo esta tendencia. Su tejido textual se constituye a partir de la interacción de elementos provenientes de géneros literarios y periodísticos. En el primer caso aludimos a la novela; y en el segundo, a la crónica y al reportaje.

Organización de Relato de un náufrago
La obra puede dividirse en tres partes: la primera y la última (introducción y epílogo) aparecen como paratextos. La segunda constituye el texto como relato o narración.

El paratexto
El prólogo, como paratexto en esta obra, tiene la función de traer como contexto el campo periodístico. Como introducción, condiciona la lectura del relato al retraer el esquema informativo, subyacente, en la alusión a un hecho noticioso ocurrido en el año de 1955.

García Márquez retrae la noticia en los siguientes términos: “El 28 de febrero de 1955 se conoció la noticia de que ocho miembros de la tripulación del destructor Caldas, de la Marina de Guerra de Colombia, habían caído al agua y desaparecido a causa de una tormenta en el mar Caribe”.

En esta introducción, el autor localiza un acontecimiento ocurrido en el pasado: el hundimiento del destructor Caldas, el cual, como hecho noticioso, tuvo una repercusión en la actualidad de la época, año de 1955, siendo ése el momento o situación de enunciación en que hemos de situar el texto.

Se hace explícito el contexto demarcado y la finalidad “instrumental” informativa que subyace en el texto, lo cual centra la atención en el acontecimiento de que se habla teniendo en cuenta la repercusión que este hecho ha tenido en la opinión pública y en el orden sociopolítico del momento. En este sentido García Márquez menciona que la publicación del relato tuvo una incidencia importante en la producción del periódico El espectador porque elevó su demanda, llegando casi a duplicar la edición. El gobierno de la dictadura militar del momento reaccionó desmintiendo el transporte de mercancía de contrabando y clausuró dicho periódico; el náufrago, Luis Alejandro Velasco, abandonó la institución de la Marina de Guerra y el periodista tuvo que exiliarse, por un tiempo, en París.

En el ejercicio de contextualización que se realiza a través del paratexto se hace referencia a la producción del texto y a la técnica periodística implicada, lo cual involucra un proceso metadiscursivo realizado por el escritor de la obra. En este sentido García Márquez indicó lo siguiente: “Este libro es la reconstrucción periodística de lo que él me contó, un mes después del desastre”. De igual forma, enfatiza la importancia que, para la construcción del texto, ha tenido la entrevista periodística, al respecto realiza la siguiente aclaración: “En veinte sesiones de seis horas diarias durante las cuales yo tomaba notas y soltaba preguntas tramposas para detectar sus contradicciones, logramos reconstruir el relato compacto y verídico de sus diez días en el mar”.

García Márquez, a través de la entrevista, toma de Alejandro Velasco, fuente directa y testigo de los hechos, los datos fundamentales que le permitirán elaborar una crónica, sin duda el género periodístico que mejor le viene al tema que domina el relato: el viaje. El tema del viaje permite al cronista, periodista, adoptarlo como un “modelo de situación” o esquema a partir del cual puede situarse el hecho noticioso.

El autor, al pretender “la reconstrucción periodística” de lo que el superviviente le cuenta, utiliza el género de la crónica en tanto le permite aludir a un tiempo y espacio bajo una organización secuencial u orden cronológico. El género de la crónica permite, además, vincular al periodista con la noticia como testigo o investigador. Como hemos visto en clase, “Crónica es una información de hechos noticiosos, ocurridos en un período de tiempo, por un cronista que los ha vivido como testigo, investigador e incluso, como protagonista y que, al mismo tiempo que los narra, los analiza e interpreta, mediante una explicación personal”.

El interés por la investigación de este hecho por parte del periodista, intención que también se enfatiza en el paratexto, aproxima el texto al reportaje en tanto se pretende un acercamiento a los hechos de cómo han sucedido, buscando acercar más al lector a la noticia y a la “verdad”, según indica García Márquez: “la verdad, nunca publicada hasta entonces”. Para ello, recurre el periodista, a través del reportaje, a la denuncia pública y al aporte de pruebas que sustenten el engaño, al que se quiere someter a la opinión pública. Así, el periodista, a través del reportaje, averigua que:

1. La nave se hunde por sobrepeso, no por una tormenta como había anunciado la versión oficial.

2. Para este tipo de embarcación estaba prohibida la carga, cosa que la tripulación elude.

3. El sobrepeso era debido al transporte de mercancía que ingresaría a Colombia de contrabando.

4. Esta suma de actos ilegales estaba auspiciada por la política del gobierno de turno, la dictadura militar, de Rojas Pinilla.

La crónica facilita el nexo entre información y relato personal, por ello indica García Márquez, en el paratexto, el pacto que establece con el protagonista de los hechos para que el relato apareciese en la prensa mediante la narración hecha por Luis Alejandro Velasco, es decir, narración en primera persona. Para el periodista, este elemento aportaría mayor credibilidad al relato. Sin embargo, la presencia del escritor adopta otra posición, la de autor implícito, al entrar en conexión con el narrador del relato. […]

La utilización de este paratexto se hace fundamental dado el cambio de soporte al que se ha sometido el texto, esto es, que pasa de un esquema “por entregas” en el cual se elaboró el texto bajo el soporte utilizado en la prensa en el año de 1955, a uno nuevo, adoptado como libro, cuya primera edición se realizó en el año de 1970. Esta circunstancia trae como consecuencia que la inmediatez, vínculo con la noticia de actualidad, y la eficacia periodística disminuya su importancia, cobrando mayor relieve el texto, desde la consideración de obra estético-literaria.

En la parte final, el capítulo XIV de Relato de un náufrago aparece a modo de epílogo adoptando un carácter metadiscursivo. El personaje se sitúa en el presente narrativo para valorar la proeza de su viaje, el cual lo ha convertido ante los ojos de la opinión pública en un “héroe”.

Pero a la vez, el protagonista de los hechos realiza una justificación de su interés por la creación del relato, el cual lo conduce a ofrecer su “historia” a la prensa. En esta dirección, también este capítulo, puede considerarse un elemento paratextual que insiste en la conexión con el marco periodístico de la obra.

* Universidad Distrital Francisco José de Caldas, Bogotá (Colombia). En CAUCE, Revista Internacional de Filología y su Didáctica, nº 28, 2005.

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