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Un diccionario del castellano en criollo

denenti m Juego infantil en el que se usan cinco piedras pequeñas, que consiste en poner cuatro de ellas sobre el suelo, tirar al aire la restante, juntar rápidamente una o más de las que se encuentran apoyadas, y recoger en la palma de la mano la que se ha arrojado, antes de que caiga al suelo: De chicos jugábamos al denenti.

dengue m Enfermedad epidémica infecciosa transmitida por un mosquito, que se manifiesta con fiebre y dolor intenso en las articulaciones y músculos, inflamación de los ganglios linfáticos y erupción en la piel.

descerebrado, -da 1 adj Que no tiene actividad en el cerebro o que no tiene cerebro: los animales descerebrados / un paciente descerebrado. § 2 adj coloquial Que es tonto, poco inteligente o insensato: Tienen un líder descerebrado. También es sustantivo cuando se aplica a una persona: La descerebrada, por supuesto, no lo entendió. § 3 Participio regular del verbo descerebrar.

desclasificar tr Hacer público un archivo o documento que estaba clasificado como secreto o reservado: Ordenaron desclasificar las leyes secretas.

desaparición 1 f Cese de la existencia o de la presencia de algo o de alguien en un lugar: La desaparición de esa especie ocurrió durante una glaciación. § 2 f Resultado de dejar de existir o de estar presente en un lugar: En el juzgado denunciaron la desaparición del niño. § 3 f Durante el gobierno militar que tuvo lugar entre 1976 y 1983, privación ilegal de la libertad de una persona y reclusión en un centro clandestino de detención sin que se pudiera obtener información acerca de su paradero y condición: Sin duda fue un genocidio que implicó la desaparición de miles de personas. § 4 f formal Muerte: El mundo llora la desaparición del genial artista.

deuda 1 f Obligación de pagar o devolver una cosa, en general dinero: Necesita el dinero, pero no puede contraer más deudas. § 2 f Cantidad de dinero que se debe: Su deuda asciende a 20 mil pesos. § 3 f Obligación moral de dar o corresponder con algo a una persona. + con: Tengo una deuda con él por haber estado en momentos tan difíciles. / No te olvides que estás en deuda conmigo. deuda externa n deuda [1] que tiene un Estado que se paga en el extranjero y con moneda extranjera: El presidente solicitó una reducción del monto de la deuda externa. deuda interna n deuda [1] que tiene un Estado y que se paga en su interior: una refinanciación de la deuda interna. deuda pública n deuda [1] que reconoce el Estado por medio de títulos públicos: un canje de títulos de deuda pública.

digitar 1 tr Incorporar datos a través de un teclado a una computadora o a otro aparato: Digite su nombre de usuario y contraseña. § 2 tr Referido a una persona, manipular una situación o circunstancia, generalmente en forma oculta, según el propio interés y en perjuicio de otras: Siempre quiso digitar nuestras vidas. / Digitó toda la reestructuración de la empresa.

diuca f Ave de la Patagonia argentina y Chile, de aproximadamente 18 cm de largo, de color gris, con la garganta y el bajo vientre blancos; tiene un canto muy melodioso.

divague 1 m coloquial Pensamiento o juicio desorganizado, con cierta incoherencia, que no sigue un objetivo preciso o no se ajusta al asunto que se está tratando: La pregunta merece una respuesta concreta, no un divague filosófico. § 2 m coloquial Asunto desorganizado, que no sigue un objetivo ni tiene un orden preciso: La película se convierte en un divague hasta el final. § 3 m coloquial Asunto descabellado e imposible de realizar: Perdoname, pero tu proyecto es un divague total.
doradillo, -lla adj Aplicado al ganado equino, que tiene pelaje de color miel: Compró un caballo doradillo de 7 años.

dorima m coloquial Marido: Pescó a su dorima con otra mujer.
Nota. De la inversión silábica de marido.

dorio, -ria 1 adj De un pueblo que habitó la Dóride, antigua región de Grecia. También es sustantivo cuando se aplica a una persona. § 2 adj Relativo a los dorios [1]: el arte dorio.

dupla f Conjunto de dos personas o dos cosas que se complementan bien, especialmente en una actividad o trabajo: El delantero aseguró que hacen muy buena dupla con Messi. / Diversión y solidaridad, una buena dupla para festejar el día del niño

duty-free (diutifrí) m Establecimiento en el que se venden productos libres de tasas fiscales, en especial en aeropuertos, fronteras entre países, etc.: Gastó US$ 100 en el dutyfree de Ezeiza. Nota. El plural es duty-free: Cuando me voy de viaje, seguro que compro regalitos en los duty-free.

dux m Príncipe o magistrado supremo en las antiguas repúblicas de Venecia y Génova: En la ópera representa al hijo del dux de Venecia. Nota. El plural es dux: Fue mi primera visita a la ciudad de los dux.

DVD (debedé o dibidí) 1 m Soporte digital en forma de disco que puede almacenar una gran cantidad de datos, imágenes y sonidos: Guardaron los datos en un DVD. § 2 m Obra o fragmento de una obra cinematográfica o televisiva contenida en un DVD [1]: Alquilemos el último DVD de la serie. § 3 m Aparato que sirve para leer la información grabada en un DVD [1]: Para el casamiento les regalamos un televisor y un DVD.
Nota. Sigla del inglés digital versatile disk, “disco digital versátil”.

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Cómo hablamos los argentinos

¿Cómo hablamos los argentinos? Si las posibles respuestas son bien, mal o regular, elegir la segunda opción es la posta: el que lo hace obtiene la aprobación inmediata del público. No se sabe exactamente qué quiere decir “hablar mal” ni a quiénes abarca el sujeto “los argentinos”, aunque uno sospecha que probablemente siempre se trate de “los otros”, ni usted ni yo.

El lenguaje de los argentinos no es un bloque homogéneo y tampoco los usuarios lo son. Planteada en esos términos, la pregunta parece dar por sentado que, como en las tragedias griegas, hay un destino inexorable, una culpa histórica en el linaje que determina la caída estrepitosa que abarca por igual a una comunidad de hablantes en la que no existen niveles socioculturales con estratos altos, medios o bajos, registros específicos de subgrupos, como el del lenguaje carcelario, por ejemplo, y en la que hay una absoluta igualdad de oportunidades en todas las regiones del país.

Hecha esta salvedad, y aceptando la pregunta, quienes se complacen en afirmar lo mal que hablamos apuntan centralmente a la pobreza del vocabulario y a la aceptación indiscriminada de los neologismos, en especial de los que son extranjerismos crudos. Esto no se discute, pero quizá convenga revisar la ausencia de otros problemas.

No es un tema menor que se apunte a un vocabulario rico o a ser selectivos en materia de préstamos. Sin embargo, llama la atención que no se insista con igual énfasis en la dificultad para conceptualizar, para expresar con precisión una idea, que tiene que ver más con el manejo de la sintaxis, de las estructuras del idioma, en fin, de la gramática en general (modos y aspectos verbales, correlación temporal, uso de conjunciones, de los enlaces oracionales), que con la pobreza de vocabulario.

Por ejemplo, entre las pésimas correlaciones temporales, la más frecuente se da en el uso del potencial en lugar del imperfecto del subjuntivo en las prótesis condicionales: “Si yo tendría una casaquinta, me iría a descansar un mes”. ¿Era tan difícil vincular tuviera con iría? ¡Y cuánto se oye! Norma Carricaburo observa que, “si bien este fenómeno parecía, a mediados del siglo pasado, anclado en la lengua subestándar, y sobre todo en los hijos de la inmigración, su empleo se ha ido extendiendo al habla de personas con estudios secundarios e incluso universitarios. Asimismo en la oralidad, por analogía fónica, es común el empleo del pretérito imperfecto de verbos auxiliares en lugar del condicional: “Lo que debía [en lugar de debería] hacer el gobierno es sincerar la relación peso-dólar”.

Otro problema son los enlaces enclenques entre la oración principal y la subordinada: “Este es el hombre que te hablé” cuando debió decirse “Este es el hombre del que te hablé”. Si se pudiera asociar que uno habla de, acaso podría evitar la omisión al armar esa otra estructura oracional.

Decía el aristotélico Boileau que lo que se piensa con claridad se expresa con claridad. Pero bueno, en el medio están las armas que ayudan a desarrollar esa capacidad de simbolizar y una, la fundamental, es el dominio de las estructuras del idioma.

La división política de la lengua
El hecho de referir la pregunta a los argentinos establece una división política de la lengua, cuyas áreas suelen exceder las fronteras. ¿Hablamos bien o mal, en el aspecto que sea, con respecto a qué? ¿Al español europeo? ¿Al español de América? Estas regiones, de más está decirlo, tampoco son bloques uniformes y comparten, en general, problemas semejantes.

Nuestra habla se caracteriza básicamente por la conformación particular del léxico, en el que se combinan varias fuentes, por el voseo pronominal y verbal (vos sabés), el yeísmo rehilado (pronunciación de la elle como ye más una vibración en el punto de articulación que le suma sonoridad), la r asibilada (en la emisión se percibe una suerte de silbido) o la preferencia por el futuro perifrástico (voy a ir) sobre el futuro imperfecto (iré). A todo esto debemos sumarle las entonaciones regionales, los famosos “cantitos”, originadas en la mezcla del sustrato indígena con la pronunciación particular que trajo el conquistador según su procedencia. Chilenos y mendocinos, tan parecidos al hablar, ¿no están emparentados, acaso, con los andaluces?

El considerar que la norma culta del país no representa una “desviación” respecto de la del español peninsular, sino que las normas son policéntricas (cada una representa a un país o a una región), ya no debería ser solamente un principio de lingüistas, pero un ejemplo casero deja ver que la enseñanza de la lengua no siempre incluye la reflexión acerca estos temas. Es bastante frecuente objetar el uso del pretérito perfecto (ha visto) por el imperfecto del indicativo (vio): “Nosotros no lo usamos”. El “nosotros” no sale de los límites del área rioplatense, donde por cierto predomina el imperfecto, sin tener en cuenta que en muchas provincias, sobre todo en el Norte y en Cuyo, el predominio se invierte. En síntesis, algunos hablantes creen que el eje de la norma culta argentina pasa por el habla de Buenos Aires, de la misma manera que otros, ya premodernos, siguen pensando que la del español peninsular es la única válida.

El tono nuestro
La tenía clara Borges cuando, en referencia a los escritores de las generaciones del 37 y del 80, dice en El idioma de los argentinos (1927): “El tono de su escritura fue el de su voz; su boca no fue contradicción de su mano. Fueron argentinos con dignidad: su decir criollo no fue una arrogancia orillera ni un malhumor. Escribieron el dialecto usual de sus días: ni recaer en españoles ni degenerar en malevos fue su apetencia. Pienso en Esteban Echeverría, en Domingo Faustino Sarmiento, en Vicente Fidel López, en Lucio V. Mansilla, en Eduardo Wilde. Dijeron bien en argentino: cosa en desuso. No precisaron disfrazarse de otros ni dragonear de recién venidos para escribir. Hoy, esa naturalidad se gastó. Dos deliberaciones opuestas, la seudo plebeya y la seudo hispánica, dirigen las escrituras de ahora”.

Cada vez que se logró ese decir bien en argentino, el arte dio sus frutos. El teatro, por ejemplo, al momento de la llegada de los Podestá, con su representación hablada de Juan Moreira, en 1886. Por esos años, las obras de autores nacionales eran llevadas a escena por compañías españolas: la gestualidad, la entonación, se daban de patadas con el ritmo de la frase y el vocabulario. Con las primeras compañías rioplatenses, puede decirse que hubo actores para nuestro lenguaje, en su sentido más amplio.

Los diccionarios del lenguaje argentino
Nuestro vocabulario ha sido estudiado desde temprano. Una obra de referencia, que vincula palabras tratadas con glosarios, estudios o diccionarios regionales o generales, sin incluir definiciones, es el Registro de lexicografía argentina, publicado en CD-ROM por la Academia Argentina de Letras. En ella se puede ver la cantidad asombrosa de trabajos existentes, en especial de vocabularios.

En cuanto a los diccionarios de argentinismos, hasta ahora han sido concebidos con criterio contrastivo. El primero producido por una Corporación fue el realizado entre 1875 y 1879 por la Academia de Ciencias, Letras y Artes, a la que pertenecían figuras como Eduardo Holmberg, Martín Coronado, Rafael Obligado, Juan María Gutiérrez o Manuel Ricardo Trilles. Estuvo inédito hasta 2006, salvo unas pocas palabras que habían sido publicadas en El Plata Literario, en 1877.

Puede sorprender a muchos que este sea uno de los artículos:

che. Particular de origen araucano en cuyo idioma significa hombre; entre nosotros, como pronombre, es tratamiento familiar; como interjección, sirve para llamar la atención de alguno y para expresar sorpresa, sentimiento o dolor, repitiéndose en esos últimos casos como: ¡Che! ¡Che! ¿Tan mal te ha ido? Úsase en toda la República anteponiéndolo y posponiéndolo a la segunda persona de los verbos. En la provincia de Buenos Aires, suele usarse también con la tercera persona, y así se dice: Che, venga; Oiga, che.”

Cierra el círculo de obras corporativas, el Diccionario del habla de los argentinos, cuya primera edición es de 2003 y la última de 2008. Sus características básicas, de acuerdo a tres de los puntos de su “Decálogo”, son estos:

1. Se trata de un diccionario dialectal nacional, es decir que registra voces (“curtir”, “facilongo”, “gilastrún”) y frases (“hacer boleta”, “no hay drama”, “conciliación obligatoria”) de uso argentino, y no contiene las correspondientes a la lengua general (“palestra”, “tenaza”, “marcapaso”).

2. Es diferencial respecto del Diccionario de la lengua española (RAE), en el sentido de que no contiene palabras o expresiones de uso peninsular español recogidas en el DRAE.

3. Se halla ejemplificado con citas reales. Cada voz o locución va acompañada por una ilustración escrita, literaria, periodística o proveniente de páginas web, en cuyo contexto se aprecia su acepción neta de uso.

Esta producción reciente, que poco a poco abandona el sesgo casi exclusivamente folclórico como definición de lo nacional, común a muchos diccionarios tradicionales, tiende a reflejar en una dimensión amplia el vocabulario contrastivo usual. En ella, el léxico es una fotografía cuyo campo abarca palabras procedentes de los pueblos originarios (quechua, aimara, guaraní, mapuche, lengua pampa), anglicismos; galicismos, arcaísmos del español peninsular que aquí se conservaron vivos, acepciones nuestras de cantidad de voces españolas, neologismos técnicos o voces rurales, regionalismos, palabras cotidianas o técnicas que no parecen argentinismos. Como telón de fondo, en un corte diacrónico, se ve un mosaico integrado por el lunfardo histórico y por otras voces poco usadas o ya caídas en desuso.
Todas las voces, todas
Es, en síntesis, un diccionario del español usual en nuestro país, pero no de argentinismos. O, en todo caso, de argentinismos en un sentido amplio: de todo el caudal de voces en uso. Tiene un perfil de usuarios distinto, ya que el que quiere conocer lo exclusivo de nuestra habla, con el origen de las voces, con indicaciones diatópicas o marcas cronológicas, debe consultar un diccionario contrastivo. Y el que quiere conocer rápidamente el significado de una palabra o resolver una duda lingüística cuenta con este diccionario integral.

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